El 'homo sovieticus'

• Gran parte de los rusos mantienen la mentalidad del pasado y rechazan los cambios que impulsó la 'perestroika'
• Veneran al poder y eluden asumir responsabilidades

DMITRI POLIKARPOV
MOSCÚ

"Es inmortal. Cuando viajo a la Rusia profunda y hablo con gente mayor de 40 años, tengo la sensación de que nada ha cambiado desde hace 20 años", dice Aleksandr Asmolov, catedrático de la facultad de Psicología de la Universidad Lomonosov de Moscú.
La perestroika (reconstrucción) iniciada por Mijail Gorbachov en 1985 con la idea de reformar el obsoleto régimen comunista marcó un borrón y cuenta nueva para más de 350 millones de habitantes de la URSS. Tanto los que ocupaban cargos en el poder como el hombre de la calle tuvieron que dar un giro de 180 grados para adaptarse a una nueva realidad. Sin embargo, los sondeos con motivo del 20° aniversario de la perestroika --cuyo resultado final fue la desaparición de la URSS-- demuestran que la psicología de gran parte de la antigua ciudadanía soviética sigue igual.
Muchos rusos no sólo no rechazan la época comunista, sino incluso la añoran. La mentalidad del homo sovieticus ha calado muy hondo en amplios sectores de la sociedad rusa, y no es fácil cambiarla.

Culto a la personalidad
Según Asmolov, hay tres características clave del homo sovieticus. "Un individuo así cree en la existencia de un poder central sagrado que lo sabe todo, lo entiende todo y se ocupa de todo. De ahí, los muchos cultos a la personalidad como el de Stalin o de Putin", opina.
El primer rasgo, continúa, conlleva una segunda característica, que es "la permanente búsqueda de un enemigo, es decir, una caza de brujas". "Los oligarcas, gente de etnias caucásicas o extranjeros pueden ser los culpables de todos los males en la mente del homo sovieticus", afirma Asmolov.
Y el tercer distintivo inconfundible del homo sovieticus es que huye de cualquier responsabilidad personal. "Odia la libertad de elección y prefiere que alguien elija por él, sea el Gobierno o bien un jefe. Esta costumbre, cultivada en varias generaciones, es muy persistente", afirma Asmolov.
Según el traductor y periodista moscovita, David Vladimirov, la mentalidad soviética "es algo con lo que chocas en tu vida cotidiana. Es la ideología de hacer a todos igualmente pobres en vez de hacer a todos igualmente ricos. Es la envidia y rabia hacia los que tienen más dinero que tú. Es la obediencia indiscutible ante los funcionarios, en la que se hunden hasta las iniciativas individuales más atrevidas. Es el odio clasista casi proletario hacia un hombre de negocios de una nomenklatura supuestamente reorientada hacia la capitalización", opina Vladimirov.
Las palabras más corrientes entre los que amamantó el régimen soviético no son "te quiero", ni siquiera "me encanta Putin", sino "es una gran jaliava" (significa una cosa obtenida gratis o de gorra). Según un sondeo reciente del centro Levada de estudios de opinión, el 56% de los ciudadanos rusos hubieran preferido seguir viviendo en la URSS, y valoran negativamente los cambios de la perestroika. Este porcentaje llega al 70% entre los encuestados mayores de 55 años. Más de un tercio de la población opina que, sin Gorbachov, "la situación habría mejorado por sí misma", y la URSS "seguiría existiendo" como una potencia.

Defensa de la censura
El 59% de los encuestados valoran positivamente el papel del Partido Comunista de la URSS. El 60% defiende restablecer la censura política en los medios de la comunicación.
"Cerca del 30% de la población no ha movido un dedo para aprovecharse de las oportunidades que se le ofrecieron gracias a la liberalización de Gorbachov. Hoy prefieren sentirse ofendidos y culpar a las autoridades de todos sus problemas. Para esta gente, sigue siendo mucho más cómodo quejarse de sus bajos salarios que arriesgarse a buscar una nueva ocupación", afirma Asmolov.

"Vivíamos a cuerpo de rey"
El moscovita Alexei Makarov, de 71 años, que sobrevive con una pensión que no llega a 41 euros al mes, añora los tiempos soviéticos. El antiguo peluquero considera que las reformas de Gorbachov pusieron fin a su carrera profesional. "Hasta mediados de los 80, vivíamos a cuerpo de rey", recuerda.
Makarov tuvo que vender el piso que ocupaba con su mujer y una hija en el centro de Moscú para trasladarse a un modesto apartamento en las afueras. "Tenemos el Gobierno para que nos dé de comer, ¿o no? Si Putin no consigue mejorar la situación, habrá que esperar a que llegue un líder más adecuado. Rusia siempre ha necesitado mano de hierro para vivir bien", afirma.