OTRO CNE DISTINTO PERO NO DIFERENTE

Tenemos un nuevo Consejo Nacional Electoral. Nuevo u otro pero no diferente a los anteriores. Solamente distinto. Designado por el Tribunal Supremo de Justicia que a su vez fue designado por el congresillo entonces nombrado negociado por las cúpulas partidistas en la Constituyente, que designó el penúltimo CNE, luego parcialmente convertido en el último, que con INDRA hizo las votaciones del 2000, entubadas y negociadas entre las cúpulas de AD y Chávez a través del MVR, votaciones de las que salió la actual Asamblea Nacional que se pretende mas legítima que el TSJ. Secuencia de lo que llaman “representatividad” cada vez mas distante de lo que es la voluntad ciudadana, secuencia crecientemente ilegitimante.
Se estuvo y se está viviendo un estado de verdadero escepticismo nacional. Se denunció que los supuestos rechazo y expectativas negativas del chavismo con que el TSJ designara al CNE era una farsa, una comedia. Aparentemente fue y es así. La negociación en la AN de AD, COPEI y el CHAVISMO, de marzo pasado, frustrada por la ofensiva mediática de los otros grupos antichavistas denunciada cínicamente por voceros del chavismo, aparentemente se reactivó e implantó ahora vía TSJ.

Cinco meses después llegamos al mismo CNE o similar que hubiéramos tenido entonces. ¿Se “ganó” o se “perdió” tiempo?. El mismo o similar CNE ahora designado bajo el chantaje de la posible aprobación por la AN de una Ley de Reforma del TSJ que mediante aprobación por mayoría simple de diputados aumentaría el número de magistrados de 20 a 32. Y bajo del amago de Chávez en la Avenida Bolívar de que no se “calaría” un CNE parcializado; parcializado por la oposición, se entiende; porque parcializado por el chavismo sí se lo “calaría”. Para él como para cualquier autócrata sobre todo si es delirante no hay imparcialidad posible, admisible; conmigo o contra mí, como Bush ante lo que él califica de terrorismo. Por lo que si a este CNE sí lo cala, aunque su imparcialidad está notoriamente en veremos, no es porque no esté parcializado por la oposición sino porque lo está por el gobierno. Aunque no tenga una significación definitiva, será suficiente esperar a ver que decide por mayoría simple el CNE designado en relación a cuestiones claves particularmente como la de las firmas entregadas que Chávez ha declarado reiteradamente que son chimbas y en relación a los referendos ya solicitados de gobernadores y alcaldes.

Insoportable levedad de la representatividad.
La que se muestra al preguntarse ¿cuántos diputados y cuantos magistrados y cuantos jueces electorales, directivos del CNE, resultarían designados en procesos de verdadera participación decisiva de la voluntad ciudadana, de la gente, designación y elección directas que no fueran manipuladas por las cúpulas partidistas hoy chavistas o antichavistas?.

Todos los elementos de juicio indican que se trata de una farsa, de una comedia. En realidad nadie cree en la imparcialidad del CNE designado por el TSJ como tampoco se creía en la del último, saliente, ni en la del penúltimo ni en la de ninguno del los CSE que tuvo el puntofijismo; todos sin excepción y a pesar de la presencia en sus directivas de gente honesta y a pesar de diciembre del 98, activamente o por omisión, encubrieron innumerables fraudes y manipulaciones electorales. Pero ahora todos o casi, chavistas y antichavistas, juegan a aparecer dispuestos a la conciliación y al consenso; en el discurso se da un supuesto voto de confianza al nuevo CNE; pero por lo visto, realmente, solo para que conste, solo para que la opinión juzgue después; aunque no se crea en ello. Porque es en función de la negociación que se espera que venga o, que viene en curso, a lo que se juega verdaderamente; a la posibilidad, lejana ciertamente pero teóricamente viable, que funcionó en el 2000, de seguir el antichavismo convenidamente controlando determinantemente como antes mecanismos operativos internos del organismo electoral decisivos del fraude y la manipulación electoral; o a la posibilidad quizás mas viable aunque no segura de compartir también convenidamente su control.

El CNE designado ahora al igual que como lo habían negociado las cúpulas partidistas en marzo tiene tres chavistas o prochavistas y dos puntofijistas, pro-adeco y pro-copeyano, y/o pro-masista,; en las chiquiticas y eso a corto plazo se verá, tres a dos; siendo que hasta en éstos dos hay vinculaciones con el chavismo. Que el presidente Carrasquero sea ecuánime equilibrado honesto y masista o ex-masista no niega que sea chavista y que esté vinculado a diferentes variantes del chavismo; que por lo demás en el chavismo como en el antichavismo hay de todo y mucha gente honesta. La unanimidad de los magistrados en tal designación salvo prueba en contra se explica por la negociación cupular y por el chantaje de la reforma del TSJ y de la amenaza de Chávez, o de tal amenaza como pretexto. Los magistrados no-chavistas, que no es que sean los buenos frente a los chavistas que serían los malos y de los que serían diferentes, no hay tal, son iguales, habrían optado por el “mal menor”, por lo que en lenguaje de tecnócratas llaman “ganar-ganar”. Hasta el momento los grupos que en la AN se opusieron a aquella designación de marzo pasado particularmente PJ y la CR no se han pronunciado en relación a esta otra, en realidad y en esencia la misma. Por su parte descaradamente y con un total simplismo argumental Ameliach anunció que se suspendía la discusión de la Ley del TSJ frente al aparente pataleo que a algunos diputados le tocaba hacer; y hasta planteó de ratificar a los nuevos directivos electorales eliminando la transitoriedad de su designación. Igualmente como Chávez saludó como expresión de que sí se la cala; y a pesar de la retórica provocadora y electorera de Fuerte Guaicaipuro contra el Referendo Revocatorio Presidencial (RRP) como supuesta conspiración y contra el precandidato presidencial Enrique Mendoza; que merece consideración aparte y que no cambia en nada la interpretación que hago de la designación de CNE a la que me estoy refiriendo.
Aquí vale una consideración general sobre la ecuanimidad y el sentido de justicia en su relación con la imparcialidad. Salomón finalmente decidió justa pero parcializadamente. No se trata entonces de dudar de la honestidad y del sentido de justicia de Bataglini y de Rodríguez ni la de Zamora y de Mejía, ni la de Carrasquero. Se trata es de diferenciar el plano de la honestidad personal y de la condición de justo, del plano de las convicciones y de los compromisos ideológicos y políticos, concretamente de las actuaciones, en este caso de los directivos electorales, a partir de éstos. Hasta ahora nadie a acusado a los directivos últimos del CNE de deshonestos ni de no ser ecuánimes o justos. Pero Chávez y el chavismo sí los descalificaron y acusaron de parcializados con el solo argumento de que se declararon dispuestos al RRP y aceptaron las primeras firmas; y de que se sacudieron con pretensión de poder independiente tanto del Ejecutivo como del Judicial. Pero, ¿era en sustancia diferente al recién designado?; ¿era peor?; ¿estaba realmente parcializado “a como diera lugar” con el antichavismo?. O, smplemente se trataba de que no le garantizaba nada a Chávez y al chavismo. Siendo en definitiva igual a aquel pero independiente de éstos. Siendo o tratando de ser ecuánimes y honestos y justos la mayoría de los nuevos directivos electorales previsiblemente, están para eso, en las chiquiticas se parcializarán contra el antichavismo porque por convicciones y/o compromisos son chavistas que por eso están allí.

“Barrio Adentro” y “CNE Adentro”.
Allí está la cuestión. El punto de ecuanimidad y en tal caso de imparcialidad del nuevo CNE se va a determinar, como ya dije, inicialmente por la decisión que se tome con las firmas y los referendos regionales y municipales pedidos, cierto; pero sobre todo por la posición y actitud que la directiva adopte en cuanto a la reestructuración interna, “CNE adentro”. La Directiva Electoral sola no le garantiza nada a nadie, hoy, menos al chavismo. La anterior directiva no reestructuró nada importante del aparato interno controlado fundamentalmente por AD y secundariamente por el MAS y un poco COPEI y el MVR. El “CNE Adentro”, de Chang Mota estaba y está intacto, y en tal caso, en sintonía antichavista con el denunciado real o supuesto antichavismo parcial o total de la directiva saliente. En tal caso no había contradicción significativa. Pero en el caso de la actual sí; siendo sustancialmente chavista o pro-chavista, tiene un aparato electoral, no exactamente “burocrático”, o no solo, sino eminentemente partidista, altísimamente operativo en el condicionamiento operativo de los resultados electorales, nada pasivo, y determinantemente puntofijista y antichavista; y que, dicho sea de paso, nunca ha sido imparcial ni ecuánime ni siquiera equidistante. Lo he sostenido y lo sostengo: quien no controle el CNE pierde la votación que sea. Incluso en el caso del chavismo que controla todas o casi todas las demás fases del proceso, desde la ONIDEX hasta los centros de votaciones pasando por el Presupuesto y por el Plan República, donde se ganan o se pierden las votaciones; pero, hasta ahora no controla el “CNE Adentro”, su estructura interna en donde y hasta de antemano también se ganan o se pierden las votaciones. O sea que una directiva chavista o sintonizada no es sino un primer paso. Que haya o no RRP y cuando, dependerá, uno, de la reestructuración interna del CNE hecha por la calle del medio o negociada; o, dos, de que la negociación de la cual salió esta directiva consensual actual, aunque chavista, esté proyectada, como en las elecciones del 2000, hasta la predeterminación negociada de los resultados electorales gruesos nacionales regionales y locales. O sea que RRP habrá en un lapso razonable en la medida de que el chavismo controle el proceso y en consecuencia se garantice no correr riesgos se garantice ganarlo. Dicho más nítidamente, RRP y sus resultados habrán y cómo resultará, independientemente de la verdadera correlación existente en el seno de la sociedad venezolana, en la medida de quién controle y maneje la maquinaria del fraude electoral que es lo que siempre ha existido y existe en Venezuela donde realmente nunca ha habido elecciones.

Quede dicho como referencia para reflexiones posteriores, como relación entre lo circunstancial electoral sobre la que hablamos y la dinámica real de poder cupular partidista y partidizante existente, que todo lo que decimos y vivimos a este respecto se dilucida en torno al hecho concreto de la concentración nacional, absoluta, del manejo y control cupular partidista de todo lo electoral, léase, de la cierta voluntad electoral de la gente que se supone se convoca y se expresa en el voto; desde y a través de un CNE nacional en el que no existe a ningún nivel ninguna autonomía ni poder de decisión reales, ninguna participación decisoria real de funcionarios locales o regionales; y mucho menos de la gente de los ciudadanos de los votantes. Hasta el último funcionario electoral e incluso hasta los miembros de mesa en su inmensa mayoría resultan designados para actuar partidistamente y en base a líneas partidistas trazadas nacionalmente.

Contrario al deslinde o diferenciación que se hace, entre el o los referendos y las elecciones, sin pretender descubrir el agua fría, el RRP es el inicio o el evento determinante de la nueva fase de la continua e interminable campaña electoral en la que vivimos desde hace cuarenta años intensificada y cotidianizada abiertamente en los últimos cinco chavistas. Su carácter revocatorio es operativo o adjetivo no es esencial ni determinante; lo determinante y definidor del referendo es su carácter electoral, o, electorero. Tanto para Chávez y el chavismo como para el puntofijismo en todas sus variantes. Realmente para las cúpulas, diferente a la motivación de la gente, no se trata de sacar o mantener a Chávez ni de impedir que regrese el puntofijismo, ni se apunta a darle salida a la crisis y los problemas nacionales; para los unos y los otros, se trata sustancialmente de ser reelectos o electos, de mantenerse en el poder o de regresar a él. La misma arenga de Fuerte Guaicaipuro a la oficialidad y a la tropa, a pesar de su referencia belicista a la posibilidad de guerra civil y a Liberia, que será objeto de reflexión aparte, así como el amago contra la designación del CNE en la Avenida Bolívar en el mismo acto en que declaró abierta la campaña electoral, en la que por cierto ha estado permanentemente desde su salida de Yare, han sido solo retóricas de confrontación electoral; retóricas de confrontación electoral enmarcadas en su permanente estrategia de campaña para no ser sacado de Miraflores por el RRP y de ser reelecto en el 2006, que es lo que realmente lo motiva.

Evidentemente la tensión que se vivía en el país ha bajado a partir de la designación de los nuevos directivos electorales concretamente, a pesar de la farsa de la que resultó. Aunque faltan eventos decisivos para superar significativamente la fase de alta confrontación y total polarización que se vivió desde diciembre del 2001 la designación del CNE, aunque en sustancia igual al anterior y a todos los anteriores, favorece la promoción en la subjetividad nacional de expectativas sino de salidas sí de drenajes de la tensión, fundamentalmente de expectativas electorales; porque hay un cansancio nacional un verdadero agotamiento nacional; porque la gente quiere que “esto” cese. Sin embargo el escepticismo se mantiene y hasta crece y algunos al contrario y a pesar de la cierta sensación del cierto consenso nacional e internacional que se ha dado, piensan que viene lo peor. Lamentablemente o satisfactoriamente, según, la cuestión no es tan fácil como para convencerse de que si creemos que hay perspectivas nuevas, entonces, las hay. Ciertamente la designación de un nuevo CNE, si no es “un paso” como muchos consideran, es un hecho concreto; quizás en algún sentido o plano, puede llegar a ser un punto de inflexión. Pero nada indica que a partir de tal hecho, sobre todo a partir de la forma como se produjo, tenga sentido hacerse tales nuevas expectativas. En tal caso y en la medida de que sus acciones futuras, particularmente la reestructuración interna, continúen siendo objeto de negociación y de conformación de consensos partidistas aunque sean parciales, su designación e instalación puede drenar la tensión acumulada entre los factores de poder, entre las cúpulas partidistas mediáticas y económicas; por la vía de incluso de un RRP que no cambie y que relegitime la actual correlación de poder, o de una elecciones parciales o generales. Pero la crisis de fondo, estructural, sistémica, del agotamiento del modelo socio-económico capitalista y del sistema de la euro-democracia representativa que tenemos; crisis sistémicas de las cuales es expresión concreta, hasta en su dimensión coyuntural, la crisis total que la sociedad venezolana viene viviendo desde hace dos décadas y que se ha profundizado en los cuatro años últimos de demagogia populista pseudo-revolucionaria; esa crisis no es ni será alterada en lo mas mínimo y al contrario continuará su inercia deteriorante y desestructurante en la sociedad venezolana así como en la mayoría de países del Mundo. Ni con todos los referendos que sean ni las elecciones que sean ni saliendo ni manteniéndose Chávez en el Poder; ni siquiera se atenuará la crisis de fondo que vivimos en la sociedad venezolana; porque es sistémica porque es estructural.