¿Por qué la izquierda reformista apoya a Chávez?

Profesor J


Gabriel García Márquez, el Gabo, no sólo es buen escritor, sino que tiene un buen olfato para saber separar la paja del grano. Un día volviendo en avión desde Cuba, se sentó junto a Chávez y le tiró la lengua. Se fueron conversando animadamente y llegando a casa escribió sobre ello y transmitió sus sospechas y su alerta sobre el militar venezolano. Textualmente dice que el hombre no lo convenció. En definitiva, que no le creyó.

Cuba está bloqueada por los yanquis. Las presiones de todos lados y el fin del llamado campo socialista, obligaron a los cubanos a procurar ampliar el abanico de las relaciones internacionales: el pragmatismo, la política de estado y de sobrevivencia, esto es, de vida o muerte. A pesar del bloqueo y las agresiones, los cubanos consiguen mantener miles de jóvenes latinoamericanos y de comunidades originarias estudiando medicina y alimentándose con lo producido en el país. Mas que exportar la revolución, que era la acusación que se le hacía, la política estatal cubana apunta a desarrollar relaciones de respeto mutuo y de intercambio con los otros países dentro del marco jurídico internacional.

Chávez representa una de las corrientes que disputan el control estatal venezolano para beneficiarse de la subordinación al Imperio, para lo cual incorporó en su aparato a un importante sector de la izquierda local, muy reducida por lo demás, y buscó relaciones y apoyo con el estado cubano, que dentro de la lógica del derecho internacional dominante, no vió problema alguno en establecer lazos diplomáticos y económicos irreprochables con ellos. Chávez adopta un discurso populista, nacionalista y revolucionario, se coloca en la arena internacional como un estado y gobierno legítimo, con consignas avanzadas, condición que refuerza otorgando prioridad a las formas institucionales de organización y administración del poder: Constitución, parlamento, Fuerzas Armadas, etc.

Ya la experiencia había sido hecha en Panamá con el gobierno del general Torrijos, militar burgués, populista, nacionalista, en fin que Chávez viene siendo como un clone de Torrijos. La política torrijista estaba dirigida a la disputa del control de la mina de oro del Canal de Panamá y de esa forma aparecían las dos corrientes burguesas disputando la gallina que ponía esos benditos huevos. Torrijos funda el PRD, partido revolucionario democratico, y establece la famosa política de Frente Popular con el partido comunista panameño, llamado el Partido del Pueblo, PP, partido pequeñísimo que ocupa altos cargos de gobierno también y entra a controlar un importante sector del campesinado amarrado detrás de una reforma agraria que no hace nada más que extender el capitalismo al campo. Torrijos buscó apoyo en Cuba, el llamado campo socialista y en Libia. Los libios pusieron cualquier cantidad de dinero en Panamá ayudando aún más al enriquecimiento de la capa poderosa que ocupaba los puestos del estado, todo ello en su búsqueda de agitarle el patio trasero a los yanquis que trataban de agarrar a Kadaffi a como diera lugar, hasta le bombardearon la tienda donde dormía y se salvó por un pelo.

¿Estaba correcto que Cuba apoyase ese gobierno populista de Torrijos? Claro que si. Una política de relaciones diplomáticas y económicas en el marco internacional impuesto por el capital no podía envolverse abiertamente en la lucha revolucionaria de otros países y por eso el Che había liberado en su carta de toda responsabilidad al estado cubano renunciando publicamente a todos sus cargos para sumarse directamente a la guerra revolucionaria. ¿Tenía Cuba que ir cortando las relaciones con los países que tenían sus contradicciones internas? Claro que no, salvo excepciones descaradas que golpeaban el derecho internacional, como fue el derrocamiento de Allende en Chile. ¿Que es público y notorio que Cuba ha apoyado y apoya en general las luchas revolucionarias? Claro que si, pero lo ha hecho y lo hace cuidando de no dar argumentos al capital internacional y cuidando de reforzar las normas y formas de respeto a la soberanía de los estados como principio de su propia subsistencia. Eso es lógico.

Por eso es absolutamente legítimo que los cubanos como estado apoyen a quien les parezca conveniente y no es la intención de este texto entrar a evaluar un sistema de relaciones estatales.

El problema surge cuando las izquierdas en el interior de los países confunden una política de estado con una subordinación a dichas políticas entendiendo que de ello deben extraerse líneas de acción para las luchas internas en los demás países. Un importante sector de la minúscula izquierda venezolana ha entendido que en vez de luchar por el poder popular, el protagonismo social y la autonomía de los movimientos, la tarea es paralizar la lucha contra el estado y sumarse a una de las fracciones en disputa para consolidarlo.

O sea, tenemos de vuelta la política de los frentes populares, de alianza de los partidos de izquierda con un sector del capital. No es de extrañarse que esa misma izquierda haya apoyado en todas partes a Lula y a Lucio, el eje Lulú, imaginando en sus elucubraciones que un bloque Lula-Ghávez-Gutiérrez haría frente a Estados Unidos. Cuando ese eje se hizo añicos aún antes de nacer, los muy descarados de esa izquierda entreguista ni se arrugaron, lo que demuestra que viven de las mentiras y de los espejismos.

Los grupos, partidos y autores que llamaron a Lula de izquierdista, comenzaron despacito a retirarle las condecoraciones que le habían otorgado con tanta pompa y ahora se encuentran diciendo que Lula debe hacer una opción entre subordinarse a los dictados del capital o responder a los anhelos de ese pueblo, cuestión que nunca nadie dijo de Allende, con lo que ya se establece una diferencia que no se quiere reconocer aún de manera explícita. Caramba, llamar a votar Lula para después empujar al tipo para que respete a su pueblo parece como medio extraño, algo así como que era una simple posibilidad. Una vez arriba veremos lo que hace el hombre. Como un juego de azar. Lo mismo hicieron con Gutiérrez. Estos tipos no aprenden. Con cada tropezón que dan, sólo dicen: Ay! Perdón! Y continuan su ritmo y estrategia de frentes populares, elecciones, instituciones, alianzas con el capital, etc. En Chile apoyaron a Lagos, en Perú a Toledo, en Argentina a otro, y así sucesivamente.

En Argentina la izquierda reformista se presentó hace unos días en las elecciones locales de Neuquén y machacaron al pueblo para votar haciéndole el servicio al sistema y legitimando el resultado. Alrededor del 80% de los votos, o algo más, fueron para los candidatos de la derecha del sistema. Menos del 10% votaron por la izquierda del sistema. Los burros de esa izquierda se vanaglorian del bajo índice de abstención, mostrando que son más los que votan por ellos que los que cuestionan la validez del circo electoral. El poder ha jugado habilmente seduciendo a esos candidatos y la izquierda reformista continental insiste en las salidas por arriba. He ahí la importancia de apoyar a Chávez.

Es hora de una ofensiva contra los frentes populares y las políticas electoralistas. Pero esa ofensiva debe provenir desde el propio pueblo, como ya está comenzando en diferentes lugares. En Argentina diversas asambleas vecinales están convocando a ampliar el trabajo contra las elecciones. Hay que apoyarlas y divulgar sus actividades. En Brasil varios sectores están criticando seriamente a Lula y su traición, algunos ya han retomado los cortes de carreteras y ocupaciones de tierras urbanas y rurales. Hay que divulgar esas noticias, no podemos permitir el cerco informativo oportunista del reformismo. En Ecuador las comunidades originarias, que fueron base de sustentación de Gutiérrez, le han advertido de una posible movilización nacional. En Bolivia se abre paso la necesidad de una constituyente popular. En República Dominicana los movimientos sociales no quieren saber nada con los partidos. En Guatemala crece el movimiento de apoyo a la poderosa huelga de los maestros. En México aumenta el desprestigio de los partidos en el interior del movimiento campesino y comunidades originarias. En varios países surgen y se expanden nuevos movimientos que agrupan comunidades por abajo, en especial Perú, Uruguay y Colombia.

En Venezuela asistimos a un período de impasse donde las movilizaciones de calle han llegado a un límite y la prioridad se encuentra en las negociaciones o salidas superestructurales, con una que otra bomba de lado y lado para mantener viva la presión. Sectores de izquierda ya están declarando que apoyar a Chávez es avanzar hacia el socialismo, lo que parece ridículo teniendo en cuenta que el chavismo es una corriente neoliberal y su control de un sector importante del aparato militar está para garantizar los privilegios de quienes disputan la posición de intermediarios del Imperio, o capataces, para ser más exactos. El documento del Tercer Camino distribuido internacionalmente por Clajadep no deja margen de dudas. Vea el texto en:  http://www.lahaine.org/b2/articulo.php?p=422&more=1&c=1

Existen importantes sectores al interior de las fuerzas armadas venezolanas dispuestos honestamente a sumarse al pueblo en una tarea de real independencia y liberación nacional. Hasta ahora se encuentran subordinados al chavismo y a la izquierda burocrática. Será tarea de los movimientos sociales, las barriadas pobres, el campesinado y las comunidades originarias con su auto-organización y proyecto de una nueva sociedad, la que ofrezca una salida popular que convoque a esos sectores progresistas de los uniformados, de los trabajadores y de la juventud a sumarse a la discusión de una nueva constituyente, que como la propuesta boliviana, sea basada en las comunidades de base populares y originarias. Esa es la tarea del momento aprovechando la coyuntura de que las capas dirigentes se encuentran dedicadas a resolver sus pugnas en la máquina institucional y a punta de bombazos.

Abrazos.
Profesor J
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